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Un modelo de vida

Don Fermín Tangüis nació en 1851 en San Juan de Puerto Rico. Su padre fue francés y su madre, puertorriqueña. Llegó a Lima para trabajar como contador comercial. En 1889 decidió dedicarse a la agricultura para cultivar el algodón en el valle de Pisco.

A fines del siglo XIX observó que las matas de algodón morían por efectos de un hongo llamado Cotton Wilt (“algodón marchito”). La enfermedad se extendió por todos los sembríos de algodón de la provincia, provocando que los agricultores abandonaran esta actividad. Tangüis inició un proceso de observación, estudio y experimentación para encontrar nuevas especies resistentes a la plaga. Sus esfuerzos fueron muy penosos y frustrantes, pero se mantuvo perseverante.

Fue en el fundo “Urrutia”, ubicado en el valle de Pisco, donde, tras algunos años de trabajo que culminaron en 1911, descubrió, seleccionó y cultivó la planta de algodón que le dio renombre. El algodón Tangüis tuvo un impacto regional y nacional indudable porque en poco tiempo se convirtió en uno de los principales productos de exportación del Perú.

Después de arduos años de investigaciones y experimentaciones logró una especie de algodón resistente a la plaga. Con generosidad obsequió a los agricultores del valle semillas de estas plantas resistentes.

El significado de Tangüis y el de su algodón residen no solamente en sus características singulares, sino en los beneficios económicos para el país y en la humildad con la que declinó las recompensas que le ofrecieron diferentes gobiernos e instituciones. Más allá de las medallas, los monumentos y los homenajes, hay en esta historia algunas claves para entender cómo se producen y pueden producirse innovaciones tecnológicas en países pobres y atrasados como el Perú. Tangüis, como muchos agricultores peruanos, tuvo que enfrentarse al abismo entre las necesidades y los recursos existentes. Resolvió este dilema recurriendo a la innovación.

Y así continuó con sus experimentos hasta que en el séptimo año pudo sembrar mayor cantidad del algodón que había finalmente seleccionado y la regaló a los agricultores de la zona diciéndoles: “Aquí tienen una clase de algodón buena, resiste el decaimiento y que produce más”.

El nuevo algodón “Especial”, como lo llamaba su creador, fue bautizado algodón Tangüis, a insistencia de los agricultores Coloma y Graham Rowe, a pesar de la oposición del propio Tangüis. Se trataba de una variedad que no solo resistía el Cotton Wilt, sino que superaba al Egipto y al Mitafifi en producción unitaria; además, su fibra larga y gruesa tuvo gran demanda en hilanderías ya que no se rompía y era fácil de ser manufacturada. Por último, su cultivo requería poca agua y era muy rústico, por lo que podía ser sembrado en lugares que antes no se consideraban aptos para el algodón. Su algodón “Especial” se difundió rápidamente por los valles de la Costa, contribuyendo a un nuevo auge algodonero.

Don Fermín Tangüis es el paradigma de nuestra comunidad educativa pues, a su ejemplo, se despliega el Marco Axiológico de la Institución Educativa. Don Fermín Tangüis murió el 24 de agosto de 1930 y sus restos descansan en el cementerio Presbítero Maestro de Lima.